lunes, 8 de febrero de 2010
El tigrillo
miércoles, 3 de febrero de 2010
ENTREVISTA A JORGELINA CERRITOS
Jorgelina Cerritos: “Seguiré aportando a este país del que muchos quieren irse...”

Texto y fotos por Miroslava Rosales
Plática con Jorgelina Cerritos quien recientemente obtuvo el Premio Casa de las Américas 2010. Cerritos es la primera mujer salvadoreña en el siglo XXI quien se agencia dicho galardón.
SAN SALVADOR - En el quinto piso de un edificio de la calle Arce, Jorgelina Cerritos (Premio Casa de las Américas 2010 en la rama teatro) nos habla muy emocionada de sus proyectos, los nuevos horizontes que espera se abran para la dramaturgia. Nos detalla del proceso creativo de la pieza ganadora “Al otro del mar” que “es una soledad de identidad”, un entrarse en su interior, en su dolor como mujer.
Me imagino que ha pasado muy solicitada estos días
Así he estado estos días. Nunca se me ha descargado tan rápido el teléfono...
[Me pide si puede también grabar. Hay una leve interrupción para activar la grabadora digital, que dice se le regalaron y no le había dado uso]
¿Cómo han estado estos días de publicidad por todas partes?
Podría decir que ha sido un día intenso, en lo que se mezcla alegría, entusiasmo, cuestionamiento, porque lo hace a uno pensar, reflexionar tanto a nivel personal como a nivel de nación. Siento que ha sido un día bien largo desde el jueves que me dieron la noticia hasta hoy.
¿Qué tipos de cuestionamientos han venido a su mente?
Uno piensa de todo. Para empezar hemos enviado un trabajo a un certamen de alto nivel, en donde no se presentaron cinco obras. Fueron 138 obras. Y uno dice qué podría pasar, que más podría pasar en El Salvador a estos niveles de certámenes ya sea de dramaturgia, ya sea de teatro, si tuviéramos otro tipo de oportunidades, de espacios, de formación. Si con la escasa formación y oportunidades que aquí tenemos pasan estas cosas que creemos bueno para el teatro salvadoreño, qué más no podría pasar si fuera otra realidad este país.
¿Crees que se están abriendo los horizontes, pues hay varios autores nacionales que están ganando premios en el extranjero?
Sí, de hecho, es que es curioso, yo creo que la literatura en El Salvador ha tenido reconocimientos de peso en varias ramas. La poesía es la que más satisfacciones nos ha dado; bueno el año pasado con Jorge Galán y el premio Antonio Machado. Encontramos a Mario Noel que el año antepasado ganó en Quetzaltenango. Entonces, como que vemos ese tipo de destellos en otras ramas. Pero qué sucede con el teatro, la dramaturgia. Estábamos viendo, por ejemplo, en los registros este premio los hemos ganado en otras ramas, pero en teatro nunca lo habíamos ganado.
¿Quiénes se han acercado a ti en estos días, qué propuestas están viniendo?
Bueno, hoy por la mañana estuve en la Secretaría de Cultura. Se está hablando de posibles ideas que van desde contribuir en la difusión con los medios de comunicación, conversatorios sobre esta obra, tanto de lo que trata la obra como del proceso creativo. Yo personalmente estoy muy interesada en hacer lecturas de la obra.
Yo pasé esa experiencia [la lectura de piezas teatrales] cuando estuve con el proyecto el Carromato y Sanchis Sinisterra, quien fue nuestro maestro, dentro de las jornadas retomaba seguido, una dos veces a la semana durante ese mes, para leernos sus obras, y era una cosa impresionante.
Y en cuanto a la formación, nos podrías hablar de la experiencia con el maestro Sanchis Sinisterra
Yo puedo decir que nada de lo que estoy escribiendo ahorita lo podría escribir sin haber pasado esa experiencia. Me comuniqué con él hoy después de haber ganado este premio. De hecho, desde el 2006 para acá hemos sostenido comunicación. Le escribí contándole y diciéndole eso, que parte de este premio es suyo, porque él me ha dado esas herramientas y esa sensibilidad, ya más sistemática a partir de esa experiencia. Entonces, indiscutiblemente nada de lo que estoy escribiendo ahorita lo podría haber escrito sin haber pasado por el proyecto Carromato y Sanchis Sinisterra. Tanto el despertar de los sentidos, tanto tomar herramientas técnicas.
Yo creo que mi primer instrumental técnico para escribir teatro es que hago teatro. Y de ahí me agarré, y con eso empecé a escribir, pero la herramienta de escribir teatro nada más fue ese taller.
¿A propósitos de las lecturas, qué autores son los que más te han influenciado en el teatro y la poesía?
Uno de mis principales autores es Federico García Lorca, con su poesía y con su teatro. Yo tuve la suerte cuando estuve con el maestro Filander Funes que se enfocara en Lorca y nos hiciera leer a Lorca. ¡Yo me tomé el trabajo de leer a todo Lorca! La belleza de imágenes, la profundidad de imágenes, el juego metafórico con que él nos aborda. Hay cosas que uno dice: “¡Sólo él sabe qué quiso decir con esto!, pero me resuena, no lo entiendo pero me dice algo. A nivel de poesía salvadoreña, bueno, Claudia Lars, Claribel Alegría. ¡Claribel Alegría es para mí una alegría! A nivel universal, pues indudablemente hemos leído a Shakespeare, no podemos alejarnos de él. De los contemporáneos, la dramaturgia de Aristides Vargas, Marcos Antonio de la Parra, Sanchis Sinisterra, y a través de él conocí la de Juan Mayorga.
Tenía entendido que empezaste con la actuación y después pasaste a la poesía, ¿cómo se da este giro?
Lo que pasa es que la poesía estuvo en mí desde que le agarra a uno de andar poesía en la adolescencia y la mantuve todo este tiempo. Sin embargo, yo siempre pensé que la poesía iba a ser algo más para mí. Yo no escribía ni para ser poeta ni para leerles a otros lo que escribía. Mi ejercicio poético siempre fue muy personal, íntimo. En el teatro, era un poco diferente, yo sentía que quería ser actriz. Yo empiezo en el teatro universitario. Yo entro al mundo de las artes por el teatro.
En el teatro trabajé con La Rendija, de ahí se disolvió allá por el 96.Ya cada quien empezó a ser sus grupos apartes. Hicimos con Víctor Candray y yo el intento de hacer un grupo solo nosotros.
Creo que a partir del 2000 como que despego en todo, como actriz independiente. Y empiezo mi camino sola, al lado de mis compañeros de generación, pues buscando mi horizonte como actriz, como poeta, como dramaturga, porque se me envenenó por ese lado! Pues aquí estoy ahora.
Y con el cuento, sé que ha habido interés...
Es que el cuento, la novela siempre me han llamado la atención, pero tengo la sensación que no se me da mucho. Como que yo pienso más en situaciones y diálogos, que desde el narrador. Cuando escribo dramaturgia no puedo ponerme desde el narrador. Tengo que ponerme desde el personaje. “Me pasa esto y por eso te digo esto” [enfatiza en la frase, contundencia en su expresión].
En cambio, en la narrativa, pues obvio, está el narrador y eso me crea a mí como la sensación de distancia. Me distancio y veo la situación, veo al personaje. Eso como que me cuesta un poco.
La poesía infantil...
La poesía infantil es otra cosa, es como dejar salir una sensación de juego que me habita. Es como dejar salir el juego y la canción. Creo que para el niño hay que ser como muy canción. Creo que la poesía de niños se canta.
Nada menos hoy con esto del premio no ha habido quién me diga: “No sabía que escribías teatro, creía que sólo escribías para niños”. No!, quizá por los dos premios de poesía infantil, porque mi Gran Maestre es de teatro infantil. Entonces, se me asocia solamente con esa área.
¿Nos podrías hablar un poco del proyecto Cáncer Teatro?
Nosotros somos la misma gente repartida en dos proyectos. Está el proyecto Cáncer Teatro, que es más la rama, yo le llamaría cultural. Cuando nosotros damos una capacitación, una animación a la lectura, una charla de fomento a la lectura... vamos como proyecto Cáncer Teatro. Este nombre surgió de dos apellidos en su momento, y quedó así.
Cuando nos vamos a nuestra área artística, como creadores de teatro, entonces, somos Los del Quinto Piso. Desde que estamos aquí en el 2007, en el quinto piso, adoptamos ese nombre.
Tengo entendido que el proyecto Cáncer ha estado participando en la promoción de la lectura, ¿cómo te ha ido con los maestros?
A mí me gusta. De hecho yo disfruto mucho la pedagogía, el enseñar. Tenemos desde el 2006 de estar trabajando con maestros y maestras, parvularia y básica. Cuando la gente se enfrenta a nuestro taller y yo llego desde el primer día, y le digo: “Bueno, aquí venimos a leer, pero venimos a jugar”. Los maestros y maestras, en un inicio, su sorpresa los hace como quizá hasta dudar, y esto qué es se preguntan. Al tercer día todos están leyendo, haciendo gestos, expresándose con diferentes voces, participando en tareas colectivas para leer un cuento.
¿Me podrías hablar por ejemplo de esta pieza de teatro “Respuestas para un menú”?
Todas las obras que yo he escrito, exceptuando ésta, las he escrito desde mi mesa de trabajo. “Respuestas para un menú” nació en la mesa de trabajo, pero se terminó en el proceso de creación de escena. Era un ir y venir del papel al escenario, de ir construyendo así la voz de Clara y de Héctor, quienes son los personajes.
La empecé a escribir en enero de 2009 y la estábamos estrenando en mayo de ese año. De hecho nosotros no teníamos fecha de entrega. Enero y febrero son como los borradores. Yo vine acá al grupo y dije: “Aquí está la obra, léanla”. La leíamos y de ahí partimos. Y yo puedo decir que la obra que hoy tenemos no es la obra que escribí en enero y febrero. Fue cambiando con los ensayos, las escenas, las sugerencias de la dirección, con los aportes del otro compañero actor, con los hallazgos míos, porque una cosa que me ha pasado con “El coleccionista” y “El menú”, es que yo he actuado. Como actriz he descubierto cosas que la dramaturga no sabía.
¿Cómo fue el proceso creativo con la pieza ganadora? [Aquí sus palabras adquieren más lentitud]
“Al otro lado del mar” surge en mí de un proceso personal, de los tres últimos años de mi vida, en donde he tenido bastantes dolores, bastantes búsquedas, cosas que he necesitado hacer o resolver, y que en algún momento me han hecho sentir que pareciera que uno no es nadie, en este país, en esta sociedad. Y no lo digo artísticamente hablando, sino en muchos términos. Tres años en donde hay una parte de mí que se siente sola, que ha estado sola. Considero que la soledad para el hombre y la mujer son dos cosas totalmente diferentes. La soledad es universal, pero la afrontamos de diferente manera los hombres que las mujeres.
De todo eso, surge un día la idea. Dorotea y Pescador son los dos personajes de la obra. Este proceso fue de escuchar lo que Dorotea tenía que decir, de escuchar lo que Pescador tenía que decir. De abril a septiembre escribí la obra. Es como tres años resumidos en una obra que llevó cinco meses, que lleva 40 páginas y que ha de durar una hora en escena.
¿Por qué nos sentimos tan solos en estas sociedades?
Creo que el mundo contemporáneo le apunta mucho a eso. Desde el hecho de la famosa competitividad, mal entendida, porque una cosa es eso y otra es la competencia, pero el hecho de que el mundo nos va orientando a la libre competencia nos hace seres individualistas. De repente le estamos dando valor a otras cosas. El adulto joven no es capaz de sostener relaciones duraderas, por esos mismos puntos individuales.
Con el tiempo, nos llega la sensación de que tengo esto, esto y esto, pero quién soy en verdad, qué tengo de verdad, y ahí empezamos a caer en el abismo de la soledad. “Al otro lado del mar” es una soledad de identidad.
Me llama la atención algo que tú decías: “Que la mujer y el hombre enfrentan de manera distinta la soledad”. ¿Cómo lo percibes?
Es que la soledad y el tiempo van de la mano. No es lo mismo para un hombre que para una mujer estar solos a ciertas edades. El hombre entre más grande llega al matrimonio ha sido más libre en su vida. La mujer: te está dejando el tren, tené cuidado te vas a quedar para vestir santos. La soledad de pareja la percibimos así. Para la mujer es un riesgo, va a quedarse sola, va a vestir santos, la amargada, la solterona. Los hombres dicen: “Yo sigo invicto, a mis 35 años”.
El tiempo físico. Para el hombre: qué bien se les ve las canas, qué maduro se ve. Para la mujer: qué canosa está ya.
Los hijos. Ni hablar de ese tema. El hombre tiene 50 años de vida para seguir procreando. Las mujeres no, llevamos el tiempo biológico contado. Entonces, verte a una edad, como mujer, sola, sin hijos, que es parte de esta vivencia de estos últimos tres años que te hablo. Pero yo quiero ser madre, yo quiero conocer mis hijos.
Dorotea es una mujer de 60 años, sola, sin familia. A esto agreguémosle que por la edad empieza a ser relegada en el trabajo, porque ya no es tan eficiente, o tan atractiva como lo quieran ver, como una joven. Dorotea es mi vejez. Dorotea es ese dolor, qué va a pasar conmigo, me llegado a preguntar, si llego a los 60 años y nunca vi hijos. Creo que el hombre no se cuestiona tanto eso.
¿Qué esperas de la vida?
Huy... [Y da un suspiro, su rostro se alegra] Para empezar que me siga dando tiempo esta vida. Que mi tiempo no esté contado todavía. Espero tiempo para seguir creando.
Espero seguir aportando a este país del que tanta gente se quiere ir y yo no. Tengo la suerte de muchas cosas. Espero oportunidades, quizá eso no lo espero de la vida en abstracto, sino de este país. También espero que este tiempo pueda convertirse en un tiempo con políticas culturales más claras.
Espero una hija. Es una de las cosas más importantes en estos momentos en términos muy personales. Quiero adoptar una niña. Me han preguntado por qué una niña y no un niño. Creo que si voy a ayudar a alguien, voy a ayudar a alguien de mi género. El proceso de adopción en este país es sumamente complicado. Me sentí hasta desahuciada cuando me enteré que es algo que me puede durar hasta cuatro años. Habiendo tanto niño en este país abandonado, y habiendo mujeres que aunque estamos sin compañeros queremos dar un hogar. En este campo, es un S.O.S, quién me ayuda a agilizar un proceso de esta naturaleza, porque creo que va a transformar mi vida y que le puedo transformar la vida a esa personita.


